Si fue mi arrogancia o fue tu rencor.
Talvez fueron remembranzas de una envidia envuelta en inocencia…
O tal vez ese perdón desgastado que nunca llego…
Ha comenzado y el campo de batalla es aquí y ahora…
Se inicio una mañana solitaria y desconsolada,
En la que me preparaba para partir,
Sin advertir que las tropas lo hacían también,
Fue allí cuando tu odio la desato, y vimos los niños correr.
Mañana maldita… esa que marco el inició de esta batalla de vaivenes…
Que no se puede detener y no porque no haya en mi intención
Sino es más porque tu convicción no te deja,
Esa convicción de algo que solo el tiempo develara.
Le temo a tu rencor no por tu gran fuerza…
Sino por mi gran debilidad, le temo a la posguerra,
A las rabias armadas, a las tristezas que quedaran a mi corazón,
Porque las flechas solo causan dolor físico…
Pero y esas heridas que solo yo puedo ver.
Espero que termine pronto…
Talvez la lejanía lo permita,
Por el momento no puedo retirar mi pelotón…
De pronto algún día veamos el diluvio de perdones sinceros
Que pongan fin a esta estupidez.
Pareciera ya que la batalla nos ha afectado a todos…
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